De los grandes números al mapa del comportamiento electoral en 2012

Leonardo Valdés Zurita

Resumen


Hace dos sexenios, Jaqueline Peschard escribió: El comportamiento electoral no es una conducta autónoma o aislada, sino que se explica como parte del sistema político en el que ocurre. En la elección federal de 2012, empezó a vislumbrarse un fenómeno que ahora se expresa de manera nítida: hizo su arribo un interesante monto de votantes sofisticados. La primera aproximación al grado de sofisticación de los votantes salta a la vista en los números agregados. En 2000, el candidato que ganó la Presidencia de la República obtuvo 1,777,604 votos más de los que obtuvieron los candidatos a diputados federales de la coalición que lo postuló, y 1,791,563 votos más, que los candidatos a senadores de esa misma coalición. En 2006, el candidato presidencial que ganó obtuvo 1,164,294 votos más que los candidatos a diputados de su partido, y 1,027,768 votos extras de los obtenidos por los candidatos a senadores de ese partido. Esas cifras muestran que en ambas elecciones, hubo entre 1 y 1.7, 000, 000 de votantes que otorgaron su sufragio a candidatos presidenciales ganadores, pero no lo hicieron para los candidatos que representaban las plataformas legislativas de la misma coalición o partido. Esa diferenciación del voto es un fenómeno político que puede y debe ser explicado como comportamiento electoral “sofisticado”. Este trabajo indaga las causas de la diferenciación en las preferencias electorales de los ciudadanos, las consecuencias de esa diferenciación en la competitividad electoral y adelanta algunas hipótesis sobre sus consecuencias políticas. En 2006 se lograron mostrar ciertas peculiaridades del comportamiento electoral. Esta aproximación intenta verificar la pertinencia de esas peculiaridades, para explicar el comportamiento electoral de los votantes mexicanos en 2012. No obstante, corresponde antes poner en claro algunos elementos del sistema político en el cual se llevó a cabo el comportamiento electoral de los mexicanos en 2012, observar primero las dimensiones del proceso electoral.

 

 

Two presidential terms ago, Jacqueline Peschard wrote: “Electoral behavior is not autonomous or isolated, rather, it is explained as part of the political system where it takes place”. The 2012 federal election witnessed the emergence of a new phenomenon that is now clear: the arrival of a significant number of sophisticated voters. Aggregate numbers offer a good first estimate of voters’ degree of sophistication. In the 2000 election, the winning presidential candidate obtained 1,777,604 more votes than the candidates for deputies and 1,791,563 more votes than the candidates for the Senate that were nominated by his same political coalition. Then, in 2006, the candidate who won the Presidency obtained 1,164,294 more votes than the candidates for deputy and 1,027,768 more votes than the candidates for the Senate from his own political party. These figures show that in both elections there were between 1 and 1.7 million voters that voted for winning presidential candidates but did not support the other candidates nominated by the same coalition or political party. This vote differentiation is a political phenomenon that can and must be explained as ‘sophisticated’ electoral behavior.


Palabras clave


Elecciones; votantes; partidos; política; sofisticado; preferencia; competitividad; elections; voters; candidates; politic; sophisticated; preference; competitiveness

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Referencias


Peschard, J. (2000), “Comportamiento Electoral”, en Léxico de la Política, Fondo de Cultura Económica, México.

Valdés Zurita, L. (2007), “Saldos y peculiaridades del comportamiento electoral de 2006”, en Peschard, J. (Coord.), 2 de julio. Reflexiones y alternativas, UNAM, México.


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